DEFINICIÓN
También lo podemos llamar síndrome de “estar quemado” en el trabajo y puede definirse como «una respuesta que tenemos ante un estrés laboral crónico sufrido, y que está compuesta por actitudes y sentimientos negativos hacia las personas con las que trabajamos y hacia nuestro propio rol profesional, así como por la vivencia de encontrarnos agotados». (Gil-Monte y Peiro, 1997).
Es necesario saber que éste síndrome aparece de forma multicausal ya que, además del estrés laboral (que suele ser por la sobrecarga), pueden estar implicadas otras variables como: factores personales (por ejemplo ser una persona muy exigente contigo misma o tener poca experiencia en ese ámbito), inadecuada formación profesional (como puede ser contar con demasiados conocimientos teóricos y muy pocos prácticos o no haber recibido suficiente formación sobre tu puesto), componentes laborales (como tener un salario bajo para el puesto que desempeñas, trabajar demasiadas horas o que haya poco trabajo en equipo), factores sociales (por ejemplo que tu familia espere de ti que seas un profesional de prestigio a toda costa), etc..
Podemos distinguir tres fases que se van dando paulatinamente:
- Agotamiento emocional: sientes que ya no puedes dar más de ti mismo a los demás, que se te ha agotado la energía y tus recursos emocionales debido al contacto continuo con personas a las que tienes que atender porque es tu trabajo.
- Despersonalización: desarrollas sentimientos negativos, actitudes y comportamientos de cinismo (usando etiquetas despectivas por ejemplo) hacia las personas que atiendes en tu trabajo (como clientes, pacientes, etc.), lo que provoca en éstos que seas visto como si los trataras de manera borde e impersonal, cuando en realidad este comportamiento supone una forma de aliviar tus sentimientos desagradables ya que al cambiar la relación con los demás, estás tratando de adaptarte a tus sentimientos negativos.
- Baja realización personal en el trabajo: te tiendes a evaluar negativamente, lo que afecta a tu habilidad a la hora de llevar a cabo tu trabajo y a la relación con las personas a las que atiendes. Te sientes descontento y enormemente insatisfecho con el trabajo que has realizado. Es aquí donde se instaura el síndrome como tal.
Los principales síntomas de este síndrome son:
- Físicos: podemos sufrir fatiga crónica, insomnio, dolores de cabeza, úlceras o problemas estomacales, pérdida de peso, dolores musculares (sobre todo en espalda y cuello), hipertensión, etc.
- Conductuales: presentamos bajo rendimiento, absentismo laboral, abuso de fármacos y alcohol, conflictos familiares, comportamientos agresivos, comportamientos de alto riesgo (ej.: conducción suicida, jugar a juegos de azar de manera peligrosa), etc.
- Emocionales: muestras distanciamiento afectivo, irritabilidad, incapacidad para concentrarte debido a la alta ansiedad, baja autoestima, deseos de abandonar el trabajo, sentimiento de fracaso, ideas suicidas, etc.
- Mecanismos Defensivos (con ellos tratamos de defendernos de una necesidad que nos es desagradable): negación de las emociones, ironía, racionalización, desplazamiento de afectos.
TRATAMIENTO
Es necesario abordar este síndrome tan complejo de forma global. Lo más idóneo sería promover cambios organizativos y expresarnos con nuestra empresa, a la vez que contamos con terapia psicológica, pero en este apartado nos vamos a centrar en el plano individual. A veces acudimos a consulta sintiendo que tenemos mucha ansiedad o estrés y no sabemos por qué, con la psicoterapia puedes empezar a tomar conciencia de lo que te está generando este malestar y ahondar en ti para saber cómo puedes solucionar las diferentes dificultades que pueden aparecer en tu día a día. Si la dificultad en cuestión está relacionada con el trabajo, sientes que no puedes más, cada vez que piensas en ir a trabajar te entra una ansiedad horrible, tienes ganas de llorar todo el rato que estás allí, quieres dejarlo constantemente, etc., es importante que puedas pedir ayuda psicológica para poder entender qué es lo que te puede estar ocurriendo y cómo puedes afrontarlo, a fin de cuentas es una parte de nuestra vida que está ahí y podría estar bien sentirse a gusto con aquello a lo que dedicamos tanto tiempo de nosotros.
Bibliografía:
- Gil-Monte, P. y Peiro, J.(1997). Desgaste psíquico en el trabajo: el síndrome de quemarse. Madrid: Síntesis.