Un sistema familiar en crecimiento, que evoluciona, pasa por diferentes fases que son necesarias en su desarrollo. A todos estos cambios los llamamos crisis, por lo que estas no tienen por qué ser negativas. Las crisis pueden ser normativas, es decir que son un cambio esperable en el sistema (adolescencia, abandono del hogar, mudanzas…) y otras crisis son no normativas, acontecimientos que no se pueden prever y que en cada familia varían.
La forma que tenemos de afrontar estas crisis, y especialmente el cómo se reconforma la estructura familiar una vez que pasa por ellas, puede dar lugar a problemas que no están del todo resueltos y que se arrastran y explotan en cada cambio o nueva crisis.
En el contexto de la psicología también se crean espacios de acompañamiento para familias o miembros de la misma, dónde el o la psicoterapeuta guía y asesora, ayudando a afrontar cada fase o etapa y los problemas que se van encontrando.
Cómo padres y madres, encontraremos ocasiones en qué no sabremos cómo responder o actuar, pedir ayuda no es un signo de fracaso aunque en primera instancia podamos vivirlo así. Pedir ayuda, es querer mejorar y seguir aprendiendo, encontrando nuevas estrategias en la crianza, en la relación de pareja y desde luego a nivel individual.
La terapia familiar es el contexto para abordarlo. Que sea familiar no quiere decir que siempre tengan que acudir todos los miembros de la familia. En cada sesión se harán invitaciones al sistema, según la problemática que se esté abordando.
Si crees que tu familia está atravesando una fase que se está prolongando más de lo habitual o consideras que el clima que se respira es tenso, incómodo y no facilita la comunicación, consulta con nuestro equipo de psicólogas que podrán orientarte en la mejor forma de abordarlo.